defecto = exceso de virtud

Piccicato definió el defecto como el exceso de virtud, de otra virtud.

Su teoría era muy sencilla, todo lo que consideramos que carece de alguna cualidad y llamamos “defecto”, es en realidad el exceso de otra cualidad. Por lo tanto, el “defecto” no incluye la carencia de una cualidad, si no que esta cualidad se ve absorbida por otra con más relevancia en el sujeto. Esta cualidad con más relevancia en el sujeto, no es más que una virtud del sujeto que se manifiesta de forma excesiva. Es decir, un exceso de virtud (cualidad) conlleva un defecto de – lo que se puede considerar – otra virtud.

Cuando se encuentren ante lo que puedan considerar un defecto, busquen aquello que se asemeje y pueda ser considerado como virtud, pues simplemente rebajando el potencial de esa cualidad, reducirán y conseguirán eliminar el defecto.

No se puede olvidar ni ignorar, que las cualidades se pueden asemejar hasta el punto de casi no distinguir, pero nunca llegarán a ser la misma. La confusión y el equívoco son muy dados y la exacta definición del “defecto” es una labor en la que hilar muy fino es imprescindible.

Esta teoría tuvo en jaque a Piccicato durante un tiempo. Hasta que un día comprobó que su definición no era totalmente correcta, caía en ciertas incongruencias, era defectuosa… era “excesivamente virtuosa”.